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Mapearon la red fúngica global: lo que este sistema circulatorio subterráneo significa para tu seguridad alimentaria. Descubre cómo 110 cuatrillones de kilómetros de hongos regulan el clima y qué impacto tiene en el suelo de tu jardín

The hidden, interconnected fungal networks beneath the forest floor and the scientific visualization of these biological systems.

Un equipo internacional reveló el mapa de la red micorrrizal global. Entiende cómo este sistema de 110 cuatrillones de kilómetros de filamentos fúngicos regula el clima, recicla nutrientes y sostiene el 70 por ciento de las plantas en la Tierra.

15 julio 2026

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Un equipo internacional de científicos ha logrado lo que antes parecía imposible: producir el primer mapa global de la red fúngica micorrrizal subterránea. Esta vasta infraestructura biológica, compuesta por filamentos microscópicos llamados hifas, funciona como un sistema circulatorio planetario que conecta las raíces de las plantas con el suelo. (source)

La escala es casi inimaginable para nuestra percepción humana. Los investigadores estiman que la red se extiende por aproximadamente 110 cuatrillones de kilómetros, una cifra que equivale a casi 1,000 millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol. No es solo una red de conexiones; es un motor de supervivencia que transporta el equivalente a 4,000 millones de toneladas de dióxido de carbono al suelo cada año, lo que representa cerca del 11 por ciento de las emisiones causadas por los humanos anualmente.

Este sistema sostiene la vida vegetal de la que dependemos directamente. Se calcula que cerca del 70 por ciento de todas las especies de plantas dependen de estas asociaciones simbióticas para sobrevivir. A cambio de carbono producido por la fotosíntesis, los hongos suministran agua y nutrientes esenciales a las raíces, permitiendo que los ecosistemas prosperen y se mantengan estables frente a cambios ambientales.

La biomasa fúngica almacena cantidades masivas de recursos. El estudio revela que la red contiene unos 300 megatonos de carbono en biomasa, lo que equivale a cuatro a seis veces la masa total de todos los seres humanos vivos. Esta capacidad de secuestro es fundamental para la estabilidad del clima global, actuando como un amortiguador biológico invisible pero potente.

Sin embargo, la salud de esta red está bajo amenaza por la actividad humana. Los científicos advierten que la densidad de estas redes en los suelos agrícolas es solo la mitad de lo que se encuentra en los ecosistemas naturales. El problema se agrava con la conversión de pastizales —que albergan el 40 por ciento de la biomasa micorrrizal del mundo— en tierras de cultivo a un ritmo cuatro veces más rápido que los bosques.

La degradación del suelo reduce nuestra capacidad de recuperación climática. Al disminuir la densidad de los hongos, el suelo pierde su capacidad para reciclar nutrientes y almacenar carbono de manera eficiente. Entender la distribución de esta infraestructura es el primer paso para diseñar prácticas agrícolas que trabajen con la naturaleza en lugar de contra ella.

Lo que sigue es una búsqueda de soluciones basadas en la biología. El estudio marca un hito para identificar cómo proteger estas redes en los campos de cultivo. El próximo desafío para los investigadores es determinar exactamente qué intervenciones específicas pueden restaurar la densidad de los hongos en suelos degradados para asegurar nuestra seguridad alimentaria a largo plazo.

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