El Telescopio Espacial James Webb (JWST) ha capturado una señal que está desconcertando a la comunidad científica: una firma química en las superficies de Plutón y Titán que no coincide con ningún compuesto registrado en las bases de datos espectroscópicas actuales. Este hallazgo sugiere que estamos ante una mezcla de materiales nunca estudiada en un laboratorio o, incluso, ante una química que la humanidad aún no ha caracterizado. (source)
El enigma de la banda de absorción de 5.113 micrómetros. Los investigadores identificaron una banda de absorción centrada específicamente en 5.113 micrómetros en ambos mundos. Lo que hace este descubrimiento tan intrigante es que se detectó utilizando dos instrumentos diferentes del JWST, lo que permite descartar que se trate de un error de calibración o un fallo técnico. La técnica utilizada es la espectroscopía, donde cada molécula interactúa con la luz de forma única, dejando una «huella dactilar» característica.
Una química compartida en condiciones extremas. A pesar de que Plutón y Titán están separados por miles de millones de kilómetros y poseen entornos físicos radicalmente distintos, ambos comparten esta firma. Titán presenta una atmósfera rica en nitrógeno y metano con una presión superficial de 1.5 bar y temperaturas de –180 grados Celsius. Por el contrario, Plutón tiene una atmósfera tenue de solo 10 microbars y alcanza temperaturas cercanas a –235 °C.
Las pistas que los científicos ya han descartado. Para entender qué es esta sustancia, los expertos ya revisaron espectros de laboratorio de compuestos orgánicos que podrían habitar estos mundos, incluyendo:
- Acetileno
- Benceno
- Cetenos
- Una familia de moléculas conocidas como alenos
Ninguno de estos compuestos coincide exactamente con la señal detectada por el telescopio.
El próximo paso para resolver el rompecabezas. La hipótesis más probable es que la firma proviene de un compuesto conocido pero en un estado físico o mezcla que nunca se ha replicado en la Tierra. Para resolverlo, la comunidad científica espera con ansias la misión Dragonfly de la NASA. Aunque esta nave no podrá observar directamente la firma infrarroja, su laboratorio de química a bordo podría identificar los compuestos candidatos y resolver uno de los misterios más fascinantes que el JWST ha planteado sobre nuestro sistema solar.










