¿Qué pasaría si tu cuerpo pudiera aprender a no atacarse a sí mismo? Esta pregunta, que durante décadas pareció más filosofía que medicina, acaba de encontrar respuesta científica. En 2025, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina reconoció a tres investigadores por descubrir los mecanismos moleculares que enseñan al sistema inmunológico a distinguir entre lo propio y lo ajeno. Este hallazgo abre caminos prometedores para tratar enfermedades autoinmunes como lupus, diabetes tipo 1 y esclerosis múltiple —condiciones que afectan a millones de personas en México y el mundo, y que hasta ahora solo podían controlarse, no curarse.
Qué es la tolerancia inmunológica periférica
La tolerancia inmunológica periférica es el mecanismo natural que evita que el sistema inmunológico ataque tejidos sanos del propio cuerpo. Imagina un sistema de seguridad sofisticado: los guardias (células inmunes) patrullan constantemente buscando intrusos, pero necesitan aprender a reconocer a los residentes legítimos para no atacarlos por error.
El sistema inmunológico: guardián que a veces se confunde
El sistema inmunológico funciona como un ejército microscópico diseñado para protegernos de virus, bacterias y células dañadas. Pero en las enfermedades autoinmunes, este ejército se confunde y ataca células sanas: en la diabetes tipo 1 destruye el páncreas, en el lupus daña múltiples órganos, en la esclerosis múltiple ataca el sistema nervioso.
En México, se estima que aproximadamente 60 de cada 100,000 personas viven con lupus, mientras que entre 12,000 y 20,000 mexicanos padecen esclerosis múltiple. Estas cifras representan vidas marcadas por tratamientos que suprimen todo el sistema inmunológico, dejando a los pacientes vulnerables a infecciones.
Cómo funcionan las células T reguladoras (Tregs)
Las células T reguladoras, o Tregs, son un tipo especial de glóbulos blancos que actúan como supervisores de seguridad del sistema inmunológico. Mientras otras células T atacan amenazas, las Tregs funcionan como freno: evitan que los «guardias» se excedan y ataquen tejidos propios.
Piensa en las Tregs como mediadores en una sala de control. Cuando detectan que otras células inmunes están a punto de atacar tejido sano, envían señales químicas que dicen: «Alto, esto es nuestro, no lo toquen». Sin estas células reguladoras, el sistema inmunológico pierde su capacidad de distinguir amigo de enemigo.
El gen FOXP3: el interruptor molecular clave
FOXP3 es el gen que funciona como interruptor maestro para activar y mantener funcionando a las células T reguladoras. Cuando este gen muta o no funciona correctamente, las Tregs no se desarrollan adecuadamente, y el resultado es devastador: el sistema inmunológico ataca sin control.
Los científicos descubrieron que las mutaciones en FOXP3 causan una enfermedad autoinmune grave llamada IPEX (desregulación inmune, poliendocrinopatía, enteropatía ligada al cromosoma X). Este hallazgo confirmó que FOXP3 no es solo importante, sino esencial para mantener la paz inmunológica en el cuerpo.
Los tres científicos detrás del Nobel 2025
El Premio Nobel de Fisiología y Medicina 2025 fue otorgado a Shimon Sakaguchi, Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell por sus descubrimientos relacionados con la tolerancia inmunológica periférica. Cada uno aportó piezas fundamentales del rompecabezas.
Shimon Sakaguchi y el descubrimiento de las Tregs
En los años 90, Sakaguchi identificó una población especial de células T que prevenían enfermedades autoinmunes en modelos experimentales. Su trabajo demostró que estas células no solo existían, sino que eran indispensables: sin ellas, el sistema inmunológico se volvía contra el cuerpo de forma inmediata y agresiva.
Mary Brunkow y Fred Ramsdell: descifrando el gen FOXP3
A principios de los 2000, Brunkow y Ramsdell trabajaron de forma independiente pero complementaria para identificar el gen FOXP3 como el regulador maestro de las células T reguladoras. Sus investigaciones revelaron que las mutaciones en este gen causaban enfermedades autoinmunes severas, estableciendo la conexión directa entre genética y tolerancia inmunológica.
Por qué importa este descubrimiento para millones de personas
Este conocimiento está transformando la forma en que los científicos abordan las enfermedades autoinmunes: en lugar de suprimir todo el sistema inmunológico, ahora buscan restaurar su equilibrio natural. La diferencia es fundamental.
Enfermedades autoinmunes que podrían beneficiarse
Las terapias basadas en células T reguladoras están en fase de pruebas clínicas para varias condiciones:
- Diabetes tipo 1: Restaurar Tregs podría proteger las células del páncreas que producen insulina. Aunque México carece de un registro nacional consolidado para esta enfermedad, se sabe que afecta principalmente a niños y jóvenes.
- Esclerosis múltiple: Fortalecer la tolerancia inmunológica podría detener el ataque a la mielina que recubre los nervios.
- Lupus eritematoso sistémico: Reequilibrar las Tregs podría controlar la inflamación que daña múltiples órganos.
- Artritis reumatoide, enfermedad de Crohn y otras: El principio es el mismo: enseñar al sistema inmunológico a reconocer lo propio.
La clave está en que estos tratamientos no suprimen la inmunidad general, sino que restauran el mecanismo natural de control. Los pacientes mantendrían su capacidad de combatir infecciones mientras su cuerpo aprende a no atacarse a sí mismo.
Qué sigue: de la investigación a la clínica
Las terapias basadas en tolerancia inmunológica ya están en fase de pruebas clínicas, pero aún no están disponibles para uso general. Los ensayos actuales exploran diferentes enfoques: desde infusiones de células T reguladoras cultivadas en laboratorio hasta medicamentos que estimulan la producción natural de Tregs.
Los plazos realistas hablan de varios años antes de que estos tratamientos lleguen a consultorios y hospitales. Los investigadores deben demostrar no solo que funcionan, sino que son seguros a largo plazo. Sin embargo, el conocimiento ya está influyendo en los enfoques terapéuticos actuales: algunos médicos ajustan tratamientos existentes considerando el papel de las Tregs.
Para pacientes que viven hoy con enfermedades autoinmunes, este descubrimiento representa esperanza basada en evidencia científica sólida. No promete curas milagrosas inmediatas, pero sí marca el camino hacia tratamientos que podrían transformar condiciones crónicas en problemas manejables o incluso reversibles. El cuerpo humano, resulta, contiene las herramientas para su propia curación —solo necesitábamos aprender a activarlas.












