El 4 de junio de 2026, un equipo finlandés publicó en Science evidencia de que los abejorros resuelven problemas inéditos sin entrenamiento paso a paso: apilan una pelota bajo un agujero para alcanzar néctar que está fuera de su alcance. No adivinaron por ensayo y error. Conectaron dos fragmentos de experiencia previa y construyeron una solución nueva. Eso, en psicología, se llama insight, y hasta hace poco se consideraba exclusivo de primates, cuervos y pulpos. El hallazgo de Oulu sugiere que incluso un cerebro de menos de un miligramo puede reorganizar información para inventar una respuesta. ¿Qué límites quedan entonces entre instinto e inteligencia?
Qué es el insight y por qué no es ensayo y error
El insight es una solución repentina que surge sin iteración conductual previa. El zoólogo británico William Thorpe lo definió como «reorganización súbita de la experiencia para generar una respuesta adaptativa nueva». La diferencia clave con el aprendizaje por ensayo y error es la trayectoria: en el segundo, el animal acumula respuestas; cada paso refuerza lo que funciona. En el insight, el proceso se detiene; hay un callejón sin salida; luego aparece la solución completa.
Wolfgang Köhler describió el caso en 1913. Un chimpancé llamado Sultan intentó alcanzar un plátano colgado del techo. Saltó repetidas veces. Fracasó. Se detuvo. Miró una caja vacía. La arrastró bajo el plátano. Saltó desde ella. El estudio de Oulu repitió la arquitectura del experimento, pero con insectos.
El acertijo de la sala redonda
Akshaye A. Bhambore y su equipo en la Universidad de Oulu diseñaron una cámara blanca cilíndrica. En el techo, un círculo azul con un agujero central. Debajo del agujero, una hendidura en el suelo. A un costado, una pelota de plástico ligera. El néctar estaba pegado al círculo del techo. Los abejorros (Bombus terrestris) no podían volar dentro; el techo era demasiado alto para alcanzarlo estirándose. La única forma de obtener el jarabe era usar la pelota como plataforma.
Los investigadores entrenaron a un grupo para que asociara círculos azules con néctar y, por separado, para que empujara pelotas. Nunca les mostraron cómo combinar ambos elementos. Cuando entraron a la cámara, el 73% de los abejorros movió la pelota bajo el agujero, trepó y obtuvo el néctar. En grupos sin experiencia previa con círculos ni con pelotas, apenas uno de cuarenta animales resolvió la tarea.
El dato clave: los abejorros no necesitaron guía sensorial continua. Pruebas de oclusión visual mostraron que empujaban la pelota incluso sin ver el néctar durante el movimiento, lo que descarta refuerzo momento a momento. La conducta fue dirigida a un objetivo interno, no dictada por estímulos externos inmediatos. Eso cumple la definición operativa de insight.
Qué permite el insight en un cerebro diminuto
El cerebro de Bombus terrestris contiene alrededor de un millón de neuronas; el humano, 86,000 millones. Aun así, el abejorro integró dos memorias separadas, reconoció la estructura del problema, inhibió respuestas ineficaces y ejecutó una solución novedosa. Esto implica tres capacidades:
- Memoria de trabajo espacial: retener la posición del objetivo mientras manipula el objeto.
- Transferencia de aprendizaje: aplicar conocimiento de contextos previos a un escenario nuevo.
- Inhibición conductual: detener intentos fallidos antes de agotar el repertorio completo.
Los autores midieron latencias entre intentos. Los abejorros exitosos mostraron pausas antes de la solución, consistentes con procesamiento interno, no con tanteo ciego. La pausa precedió al cambio conductual, no lo siguió. Eso es congruente con modelos de resolución de problemas por representación interna.
Por qué esto cambia la escala de la cognición
Durante décadas, la comunidad científica asumió que el insight requería corteza cerebral expandida. Los experimentos con córvidos y cetáceos reforzaron la idea de que cerebros grandes permiten cognición flexible. El hallazgo de Oulu rompe esa correlación. Si un insecto puede reorganizar experiencia para inventar soluciones, la arquitectura neural necesaria es más simple de lo esperado. Esto abre preguntas sobre qué circuitos mínimos bastan para generar comportamiento dirigido a objetivos internos.
También desafía la jerarquía clásica de inteligencia. La frontera entre «instinto mecánico» y «resolución creativa» se difumina. No se trata de que los abejorros sean «casi tan listos» como los primates, sino de que comparten mecanismos cognitivos fundamentales que evolucionaron de forma independiente o se conservaron desde ancestros comunes muy antiguos.
Investigación mexicana en cognición de abejorros
Aunque el estudio de Oulu usó especies europeas, México desarrolla líneas propias. Giovanna M. Maldonado y colaboradores del IECOL/UNAM presentaron en 2026 experimentos sobre cómo el glifosato afecta el aprendizaje asociativo en Bombus impatiens. No detectaron efecto significativo en flexibilidad cognitiva, pero el trabajo abre líneas para evaluar si contaminantes agrícolas alteran capacidades de resolución de problemas en especies nativas.
El CICESE mantiene proyectos de conservación del abejorro Bombus crotchii, endémico de México y en peligro de extinción. Nancy E. Ambriz Trujillo, de la Universidad de Guadalajara, publicó sobre distribución y ecología de Bombus mexicanus y B. ephippiatus, especies que difieren taxonómica y ecológicamente de B. terrestris y B. impatiens. Los resultados de resolución de problemas en especies del Hemisferio Norte no deben asumirse idénticos en abejorros mexicanos sin pruebas directas.
Un Atlas reciente documenta ocurrencias y estado de conservación de Bombus en México, compilado por investigadores locales. Es un recurso para quienes buscan datos de biodiversidad regional.
Qué queda por probar
El estudio finlandés deja abiertas varias preguntas. ¿Existe un límite en la complejidad de las herramientas que los abejorros pueden «inventar»? ¿Pueden resolver problemas de múltiples pasos sin entrenamiento previo en cada elemento? ¿Qué diferencias existen entre especies en esta capacidad? ¿Se replica en abejorros nativos de México, que enfrentan presiones ecológicas distintas?
También falta entender qué circuitos neuronales mínimos bastan para generar insight. Si un millón de neuronas alcanza, ¿cuál es el umbral inferior? ¿Qué papel juegan los cuerpos hongos, estructuras cerebrales asociadas al aprendizaje en insectos?
El hallazgo no «prueba» que todos los invertebrados posean insight. Pero sí demuestra que un cerebro de menos de un miligramo puede reorganizar información para crear respuestas nuevas. Eso expande el mapa de la cognición animal y obliga a replantear qué significa «pensar». Más sobre el tema: ¿Cómo obtienen los jaguares sus manchas únicas?.








