Un nuevo estudio está cuestionando una de las recomendaciones de salud más extendidas en el mundo: la idea de que 150 minutos de ejercicio a la semana son suficientes para proteger el corazón. Tras analizar los datos de más de 17,000 adultos, investigadores descubrieron que los beneficios óptimos para la longevidad cardiovascular aparecen cuando el movimiento semanal es significativamente mayor, situándose entre las 9 y 10 horas.
El umbral de la longevidad: Más allá de los 150 minutos
La guía estándar de 150 minutos de actividad moderada suele presentarse como el objetivo ideal, pero los nuevos datos sugieren que esto podría ser, en realidad, un umbral mínimo de supervivencia más que una meta para la longevidad. El estudio, que combinó el uso de dispositivos de rastreo (wearables) con pruebas de VO2 máx —un indicador crítico de la capacidad cardiorrespiratoria—, arrojó un resultado contundente: el riesgo cardiovascular más bajo se registró en personas que realizaban entre 560 y 610 minutos de actividad a la semana.
Para ponerlo en perspectiva, esto equivale a realizar entre 80 y 90 minutos de movimiento diario. Aquellos que alcanzaron este rango mostraron un riesgo cardiovascular más de un 30% menor en comparación con los participantes menos activos.
Esta distinción es vital en un contexto donde la salud cardiovascular es una prioridad de salud pública. En México, por ejemplo, las enfermedades del corazón representaron la principal causa de muerte en 2024, con aproximadamente 192,563 fallecimientos, según datos del INEGI. Ante este panorama, entender que la actividad física debe ir más allá de lo mínimo indispensable podría marcar una diferencia real en la prevención de enfermedades crónicas.
La importancia de la condición física (Fitness)
El estudio no solo destaca la duración, sino también la calidad del esfuerzo. La capacidad cardiorrespiratoria demostró ser un predictor tan potente como el tiempo total de ejercicio. Los investigadores observaron que aquellos individuos con una mejor condición física a mitad de su vida tendieron a:
- Desarrollar enfermedades crónicas de manera más tardía.
- Pasar menos años viviendo con una salud deteriorada.
- Aumentar su esperanza de vida general.
Al analizar un conjunto de datos a largo plazo de casi 25,000 adultos, se observó que quienes mantenían una mejor condición física vivieron cerca de dos años más y lograron retrasar la aparición de enfermedades graves aproximadamente un año y medio en comparación con el grupo de menor condición física.
¿Cómo integrar este movimiento en la vida diaria?
La buena noticia es que alcanzar estas 9 o 10 horas semanales no requiere necesariamente entrenamientos de alta intensidad o gimnasios especializados. Los investigadores enfatizan que los beneficios se derivan de la constancia en movimientos moderados. Actividades cotidianas como caminar a paso ligero, andar en bicicleta o nadar contribuyen significativamente al total semanal.
En México, donde la cultura del movimiento se ve influenciada por factores como el clima y la disponibilidad de espacios, integrar estos periodos de actividad puede ser un reto, pero también una oportunidad. De acuerdo con la ENSANUT Continua 2023, el 21.6% de los adultos mexicanos no cumple actualmente con la recomendación mínima de 150 minutos semanales, lo que resalta la necesidad de fomentar hábitos más activos para combatir riesgos como la hipertensión y la diabetes.
Si bien los 150 minutos siguen siendo una base excelente y mucho mejores que el sedentarismo total, la ciencia ahora nos invita a mirar más allá. El objetivo para quienes buscan una longevidad robusta no debería ser simplemente «cumplir con la cuota», sino buscar activamente ese rango de movimiento que protege el corazón de forma excepcional.







