El 13 de noviembre de 2024, Blue Origin escribió historia espacial al aterrizar su cohete New Glenn en una plataforma oceánica, una hazaña técnica comparable a encestar desde media cancha con los ojos cerrados. México, que observa la carrera espacial desde las gradas, ahora tiene un nuevo jugador que podría cambiar las reglas del juego.
Qué pasó: Diez minutos después del despegue, el impulsor de 58 metros descendió sobre una plataforma autónoma en el Océano Atlántico. El segundo módulo continuó hasta órbita, desplegando dos naves de la NASA rumbo a Marte para estudiar su atmósfera. Blue Origin se convirtió en la segunda empresa comercial tras SpaceX en lograr esta hazaña de reutilización.
Por qué importa: La reutilización de cohetes funciona como reciclar un camión de carga en lugar de destruirlo tras cada viaje: reduce costos drásticamente. Para México, esto significa opciones: SpaceX ya no es el único proveedor confiable. La Agencia Espacial Mexicana (AEM) y universidades como la UNAM podrían negociar mejores tarifas para lanzar satélites de observación terrestre o proyectos científicos.
Los números: New Glenn transporta hasta 50 toneladas a órbita terrestre baja, similar a Falcon Heavy de SpaceX. Casi duplica la capacidad del cohete Vulcan Centaur de United Launch Alliance. El impulsor mide 58 metros, equivalente a un edificio de 19 pisos.
El contexto: El primer intento en enero falló cuando el impulsor explotó antes del aterrizaje. Blue Origin implementó modificaciones estructurales con supervisión de la FAA. El lanzamiento se retrasó desde primavera hasta noviembre por erupciones solares y condiciones meteorológicas adversas.
Entre líneas: SpaceX mantiene contratos activos en México, incluyendo acuerdos para internet satelital en zonas rurales. En julio de 2024, el gobierno mexicano retiró una plataforma de SpaceX en el Golfo de México por incumplimientos regulatorios. Blue Origin aún no tiene acuerdos comerciales públicos con México, pero esta competencia podría abrir puertas. Startups espaciales mexicanas como Dereum Labs o Azul Orbital ahora tienen alternativas para negociar lanzamientos más accesibles.
Qué sigue: Blue Origin debe demostrar capacidad para reparar y relanzar el impulsor: el verdadero test de reutilización. Ambas empresas desarrollan módulos lunares bajo presión gubernamental estadounidense por la competencia con China en programas espaciales. Para México, esta rivalidad podría traducirse en oportunidades: la AEM explora colaboraciones internacionales para satélites de monitoreo climático y telecomunicaciones. La pregunta ya no es si México participará en la economía espacial, sino cuándo y con quién.










